Qué fácil hacerme feliz, bitácora. Mejor, qué sencillo.
En la feria del libro de ocasión encuentro El viaje de Felicia, de William Trevor. Quiero leer desde hace tiempo la novela en la que se basó Atom Egoyan para su Felicia's Journey. El tema de la historia me tiraba para atrás, pero me gustó mucho el humor y la gran delicadeza con que lo trata Egoyan. Esta mañana soleada encuentro la novela, a buen precio, en fila india, abrigada junto a otras novelas de Alianza. Entusiasmado, y aunque voy a comprarlo de todas formas, pido otro ejemplar que esté en mejores condiciones. El librero me dice que son restos de una librería que los tendría almacenados de cualquier manera, pero enseguida me facilita otro volumen, en mejor estado, sin esas manchitas negras. Cuando consigo que me cobre (El viaje de Felicia y Amor negro, de Dominique Noguez), porque se ha ido al otro extremo del puesto de libros, donde andan el alcalde y concejales, le agradezco que me haya alegrado el día. Detalles, felices hallazgos, regalos. Que, además, a falta de un amor, saben a gloria. Deliciosas migajas del maná de la felicidad. Como ayer, cuando la sonriente dependienta del obrador que prepara «posiblemente las mejores magdalenas de la ciudad» pone en mi mano una exquisita rosca «de San Froilán».
viernes, 10 de octubre de 2008
lunes, 6 de octubre de 2008
CONGRESO DE ESCRITORES
La Asociación Colegial de Escritores de España me invita a acreditarme para el Congreso que se celebra en León. Media sonrisa: «¿Qué se puede esperar de una Asociación que me acredita como escritor...?» La acreditación, una cartulita en un plástico con un cordel, no sirve para nada; soy de los pocos que la deben de tener, y la guardo en el bolsillo. Un par de mañanas me acerco al Hostal, en el tiempo de descanso del trabajo. Estoy unos minutos, cojo el periódico...
En realidad, de Congreso, poco. Más bien unas cuantas conferencias, en torno al pensamiento y la literatura. «Esto no es el Hay Festival», deja claro Andrés Sorel en la presentación.
Voy a ver a Manuel de Lope, del que hace tiempo leí Shakespeare al anochecer, Los amigos de Toti Tang, Bella en las tinieblas... Conversa con otro escritor. Bien, una conversación relajada, con anécdotas. Un escritor con oficio. Aunque, asistentes al "Congreso", escritores, pocos. Juan Madrid, Gómez Rufo, etc. Éste habla de los derechos de autor, pero me lo pierdo. Me interesa. Dudas. ¿Qué es eso de "cultura gratis"? ¿Quién paga a los creadores? Aunque, ¿para qué intentar salvar una industria que sólo remunera al escritor el 5% del precio de un libro? Algo así como los tomates, los intermediarios que se llevan un pastón, el gran supermercado que marca sus pautas... Mucha culpa tenemos cuando escribimos gratis, en revistillas, periódicos... ¿Acaso un fontanero trabaja gratis? Dice De Lope que un escritor, cuando escribe, no desarrolla una actividad económica, en sí misma; lo hace "gratis"; pero cuando entrega su obra a un editor, esa obra ya adquiere un valor económico. ¿Y los escritores, viven del aire? Cuando escribimos gratis para llenar páginas de un periódico, ¿nos dejamos llevar por la vanidad? Si tenemos en cuenta que incluso muchos pagan sus ediciones...
José Luis Sampedro. Camina despacio, apoyado en un bastón. Habla con gran fluidez, es un buen orador. Sus palabras son claras, su voz es aún suficiente, denota entusiasmo. Lo veo unos cuantos minutos, porque el salón está lleno, a rebosar, y no he podido ir antes a coger sitio. Jorge Pascual me invita a que me siente en su silla, que está, me dice, en la segunda fila, con una chupa «como la tuya encima», me dice. Así que obtengo la anuencia de Neli y allá que voy, abriéndome paso entre la gente que está de pie, a la entrada, y camino por el pasillo, entre el auditorio, hasta que, oh, cielos, no veo ningún asiento libre en la segunda fila... Me desconcierto, pero con esa sangre fría que saco en ocasiones no sé de dónde, me paro, ojeo, y veo ahí, pero en la cuarta fila, esa silla con una chupa más o menos como la mía... Le susurro a la vecina del asiento libre que vengo de parte de Jorge. «¿Qué Jorge?», dice. Jorge Pascual, el poeta. Bien, se me abren los cielos y me siento a escuchar a Sampedro hablar de la libertad, que es como una cometa, que vuela y vuela, pero siempre que esté sujeta con una cuerda; para él esa cuerda es la responsabilidad. Y habla de partículas subatómicas y del zen y el vacío y la inmortalidad que no le interesa, y de esa parte de espíritu de la que todos participamos, y cuando me levanto y me voy, porque pienso que ya he escuchado lo suficiente y no debo hacer esperar a mi amiga, que se ha quedado leyendo el periódico, bueno, en ese momento no debo de pensar eso, la verdad, sino ahora que escribo siento agradecimiento hacia José Luis Sampedro por escribir La vieja sirena, porque su lectura, hace años, me devolvió, me recordó, me renovó, para ser más exactos, la alegría de vivir.
domingo, 21 de septiembre de 2008
SOLO - CLAUDIO BAGLIONI
SOLO
Claudio Baglioni
(Baglioni, C. Ramón, Amart)
Deja que sea
todo así
y el viento volaba
en tu foulard.
Guardabas ya
dentro de ti
las manos, las noches
y tu alegría.
No te cortes el cabello más,
come un poco más que estás delgada.
Y en la mesa entre el té y el pasaje
se moría nuestro triste adiós.
Deja que sea
todo así.
Y el cielo borraba
todo su azul.
No cambies tú jamás,
cuida bien de ti
y de tu vida, del mundo
que encontrarás.
Trata de no meterte en apuros,
abotona, por favor, tu abrigo.
Y entre el claxon de los autos y las campanas
te decía "No me enfadaré".
Y no sientas pena tú por mí,
vi tu aliento que se hacía humo.
Yo creía que me hundía lento, lento,
y tú lenta, lenta, te perdías.
Y quizá tarde o temprano
tú también comprenderás
que me llevas muy adentro.
Y quizá tarde o temprano
algún día pensarás
que estoy solo.
Y si ahora suenan las canciones
esas mismas que tú amabas tanto,
ella viene junto a mí, sonríe y piensa
que las quise dedicar a ella.
Y no sabe cuando te decía
come un poco más que estás delgada,
ni de nuestras fantasías del primer día
y de cómo te me marcharías.
Y quizá tarde o temprano
tú también comprenderás
que me llevas muy adentro.
Y quizá tarde o temprano
algún día pensarás
que yo...solo...quedo aquí.
Y cantaré solo,
caminaré solo
y solo continuaré.
Imagen de la portada del disco en: http://i1.ebayimg.com/03/i/000/e1/43/b5b2_1.JPG
BANDAS SONORAS
Entre Lorca y Murcia, escucho viejas canciones de los setenta. Románticas, melódicas, son la banda sonora de mi infancia. Me gustan Mocedades y Los Puntos, Jarcha y Fórmula V. Y a grito pelado y con la carne de gallina, gracias a Onda Regional Música, canto Llorando por Granada, de Los Puntos, recientemente versionada por otro estupendo grupo, El Barrio:
Dicen que es verdad
que se oye hablar
en las noches cuando hay luna en las murallas.
Alguien habla.
Nadie quiere ir
en la oscuridad
todos dicen que de noche está la Alhambra
embrujada.
Por el moro de Granada.
Dicen que es verdad
que su alma está
encantada por perder un día Granada
y que lloraba.
Cuando el sol se va
se le escucha hablar
paseando su amargura por la Alhambra
recordando y llorando por Granada.
Dicen que es verdad
que nunca se fue
condenado está a vivir siempre
en la Alhambra
y a llorarla.
Al atardecer
cuentan que se ve
entre sombras la figura
de aquel moro
hechizada.
Por perder un día Granada.
Dicen que es verdad
que su alma está
encantada por perder un día Granada.
Y que lloraba.
Cuando el sol se va
se le escucha hablar
paseando su amargura por la Alhambra
recordando
y llorando por Granada (bis)
MERENDERO PADILLA
Hay bullicio en una de las alamedas de Lorca. Los buñuelos de bacalao son lo más típico, me informa Feliciano, que luego se me acerca para preguntarme qué tal me va, para contarme anécdotas, regalarme un llavero, un mechero, unas postales y un calendario, decirme que las morcillas se las sirve el mismo carnicero desde hace decenios, y que llegó a preparar pavo confitado, pero que lo tuvo que dejar porque le daba mucho trabajo.
El Merendero Padilla es limpio, barato, popular, y lo atiende una bulliciosa y eficiente cohorte de cocineros y camareros que te sirven en un pispás. No me importa que se me enfríen las viandas, ni siquiera que me pingue el pantalón con el contundente alioli con el que untan las patatas asadas, porque Feliciano me sigue contando que aquella plancha es una de las originales, y que las demás las fue comprando a medida que el negocio crecía, y cuando le observo que todo parece muy limpio, me dice orgulloso que es así porque, por ejemplo, limpian esa gran mampara de ahí un par de veces a la semana.
Esos 42 tacos del Merendero Padilla son también los míos. Abre de abril a septiembre. Los meses luminosos. Buñuelos de bacalao y mollejas, queso asado y michirones, pinchos morunos y patatas, arroz con leche y pan de Calatrava. En Lorca. Los años, los meses, la comida, el festín, el placer de comer y de vivir.
El Merendero Padilla es limpio, barato, popular, y lo atiende una bulliciosa y eficiente cohorte de cocineros y camareros que te sirven en un pispás. No me importa que se me enfríen las viandas, ni siquiera que me pingue el pantalón con el contundente alioli con el que untan las patatas asadas, porque Feliciano me sigue contando que aquella plancha es una de las originales, y que las demás las fue comprando a medida que el negocio crecía, y cuando le observo que todo parece muy limpio, me dice orgulloso que es así porque, por ejemplo, limpian esa gran mampara de ahí un par de veces a la semana.
Esos 42 tacos del Merendero Padilla son también los míos. Abre de abril a septiembre. Los meses luminosos. Buñuelos de bacalao y mollejas, queso asado y michirones, pinchos morunos y patatas, arroz con leche y pan de Calatrava. En Lorca. Los años, los meses, la comida, el festín, el placer de comer y de vivir.
domingo, 14 de septiembre de 2008
EL MÍTICO JOSEPH CAMPBELL

En esa parada madrileña compro El héroe de las mil caras: psicoanálisis del mito y Los mitos. Su impacto en el mundo actual.
Llego a Campbell a partir de dos caminos: El viaje del escritor, de Christopher Vogler, una aplicación del monomito a la escritura y en especial al cine, donde rastrea su influencia; y, cómo no, de La guerra de las galaxias. Campbell fue uno de los mentores de George Lucas, y su viaje del héroe está presente en toda la saga, en especial en la primera película, es decir, el Episodio IV.
Picando en internet, leyendo referencias en libros, llega un momento en que el hambre y la curiosidad sólo se sacian leyendo los libros de referencia.
Comienza bien El héroe de las mil caras. El asunto psicoanalítico (versión Jung, los arquetipos y el inconsciente colectivo, y que por cierto no figura como subtítulo en la edición en lengua inglesa, The Hero with a Thousand Faces) me echaba para atrás, pero Campbell dice que adopta el psicoanálisis no como un dogma, sino como el mejor instrumento disponible para aprender la gramática del símbolo, y que sin aceptarlo como la última palabra, puede servir como un método de aproximación al mito, «la entrada secreta por la cual las inagotables energías del cosmos se vierten en las manifestaciones culturales humanas». Ahí es nada, amiguitos.
Campbell escribe algunos párrafos muy bellos, poéticos, apasionados y luminosos, que señalo con lápices rojos, púrpuras y amarillos:
«(...)los héroes de todos los tiempos se nos han adelantado (...) sólo tenemos que seguir el hilo del camino del héroe. Y donde habíamos pensado encontrar algo abominable, encontraremos un dios; y donde habíamos pensado matar a otro, nos mataremos nosotros mismos; y donde habíamos pensado que salíamos, llegaremos al centro de nuestra propia existencia; y donde habíamos pensado que estaríamos solos, estaremos en el mundo.»
EL FACTOR HUMANO: FLORENTINO MORENO Y LUIS MUIÑO
En 8 y Medio me hago con El factor humano en pantalla, de los psicólogos Florentino Moreno y Luis Muiño. Los conozco de los microespacios de RNE, Radio 5 todo noticias. Me gustan sus comentarios sobre psicología ejemplificados con películas. El libro es la edición de algunos de esos textos radiados en su día. El comportamiento, las emociones, el conocimiento, las enfermedades mentales, la percepción, en breves artículos ilustrados con diálogos, situaciones, argumentos y conflictos cinematográficos. Una delicia.
Luis Muiño tiene una web. Para aprender de la gente inteligente: www.elhabitatdelunicornio.net. Y con un título mítico y poético.
Luis Muiño tiene una web. Para aprender de la gente inteligente: www.elhabitatdelunicornio.net. Y con un título mítico y poético.
UNA PARADA EN MADRID
Paro en Madrid. Así, interrumpo la rutina del viaje. Me gusta por unas horas el bullicio de la Gran Vía. Aparco en la Plaza de España. Pienso en Elena. Nunca me la he encontrado por ahí. Me gustaría verla. Yo frecuento más o menos los mismos sitios, con algunos cambios: la Fnac, la Casa del Libro, un sex shop, un bar, y desde hace tiempo también la librería 8 y Medio. Todo muy a mano, entre la Plaza de España y la Red de San Luis. En la caja de la Casa del Libro me tocan la espalda. Es Cande, una vieja conocida de León. Me presenta a su novio y tomamos una caña. Nos despedimos con cariño. Nunca se sabe cuándo seremos saludados.
SOSPECHOSO A ESAS HORAS DE LA NOCHE
Carretera nocturna. A la mañana siguiente comenzará a funcionar el Gran Colisionador de Hadrones. Agujeros negros que pueden engullir el planeta Tierra. Historias del Apocalipsis. A punto de llegar al hotel, a la entrada del pueblo, las luces y los parpadeos fosforescentes me obligan a detenerme. Me harán soplar, aventuro. Control de alcoholemia, a esas horas de la noche. Nada que temer. Me equivoco. Y en cuanto a la documentación, será por papeles... Son jóvenes. Cuatro, cinco. Tienen el acento de la zona, porque se comen consonantes, y eso les da un aire bastante chusco. Tardo en encontrar la documentación del vehículo. Mi tardanza les da ventaja, tal vez les pone nerviosos. Escrutan el interior del coche con las linternas, pero sigo pensando que no hay nada que temer. ¿Y ese cable? No sé a qué se refieren, hasta que me ordenan abrir la puerta y uno de ellos se introduce en el coche, abre la funda de las gafas, manosea, registra y ya fuera empuña el cable: «Mira, si es casi una de nuestras porras», dice. Al parecer, llevo un objeto contundente. Cada uno ve lo que quiere ver, porque al lado está la barra antirrobo, que sí es contundente y desde luego también es un objeto. Además, el problema es que lo llevo dentro del habitáculo; no habría problema si lo llevara en el maletero. Tampoco si fuera electricista. Pero no, no soy electricista. ¿Y por qué lleva ahí ese cable? Digo lo primero que se me ocurre, que lo habrá puesto ahí el chaval. ¿El chaval es mi hijo? ¿Mi hijo es electricista? No seré yo quien les lleve la contraria, confirmo lacónicamente sus suposiciones y en ese momento me nace un hijo electricista. Me requisan el cable. Me importa un rábano, porque ni me daba cuenta de que lo llevaba. Debe de ser tan antiguo como el coche, y forma parte de la tapicería, es una pieza más que ha pasado desapercibida. Hasta ese momento. Lo requisan. Y si el chaval quiere recogerlo, que vaya al cuartel. Bien, mostrada la documentación, ha llegado la hora de irme. ¿Se ha escapado alguien de algún sitio? No les debe de haber gustado la pregunta, porque me ordenan que abra el maletero. Inspeccionan, tocan, mueven, levantan. Estoy convencido de que no esperan obtener ninguna prueba. ¿Prueba de qué? A la mañana siguiente, la dueña del hotel me habla de las planeadoras que suelen dejar droga en la playa o de terroristas que ponen bombas en la costa mediterránea. Y que a esas horas de la noche habrán sospechado. Pero en ese momento estoy seguro de que ya no esperan encontrar nada. Están a punto de cruzar la frontera que separa la pesquisa del puteo gratuito. Otra vez que les enseñe el carnet. Mosqueado, replico que se lo acabo de enseñar. Que es para tomar nota, dicen. Todo queda en la requisa del dichoso cable. Ya en el hotel, sueño que se me acusa de haber grabado películas porno. El día se lleva las sombras. El incidente con la patrulla ha quedado en un pequeño chuleo y el Gran Colisionador de Hadrones no ha provocado el fin de los tiempos.
domingo, 17 de agosto de 2008
ESCRIBIR
Hay días sin ilustraciones, sin fotos.
¿Por qué escribir?
No se sabe muy bien por qué se escribe, o quien lo sabe no grita lo suficiente. Sábato y Vargas Llosa han escrito acerca de las motivaciones del escritor: sus duendes y fantasmas; el tema inevitable, que escoge al autor, y no a la inversa; la profunda rebeldía del escritor, que a través de las ficciones pretende llenar el abismo entre los deseos y la vida real...
Escribimos para expresarnos. Pero no escribimos exactamente para decir lo que pensamos, sino más bien, como sostiene Víctor Moreno, para saber lo que pensamos. Pensar y escribir resultan actos de la misma naturaleza. Se alimentan, se interrogan. Dialogan. Cambiemos, entonces, la pregunta. Más bien lo que quiero decir (o lo que pretendía decir al comenzar a escribir este artículo) no es por qué escribir, sino para quién escribir.
¿Qué haces escribiendo sin lectores, chico? Sólo para uno mismo, ¿es posible mantenerse en la escritura? No lo sé muy bien, lo dudo mucho. La escritura sin lectores corre el peligro de retorcerse, sarmentosa, sobre sí misma. Quién sabe si de ese palo seco brotará la viña. Valga la metáfora... Quién sabe si poco a poco habrá lectores, algún lector. ¿Lo mismo para el amor? ¿Tiene sentido amar sin ser amado? ¿Pensar en quien hace ya mucho tiempo que dejó de pensar en ti? Hace poco le decía a una amiga que me enamoraba todos los días, lo cual es como decir que no estás enamorado de nadie. Pero para mí, sin esa luz, esa proclama diaria, sin ese detonante, la vida tiene poco sentido. Y cuando el sentido de la vida comienza a vacilar, ¿qué hacer? Nadar o correr, en mi caso. Es decir, salir por piernas. ¿Huir? Y escribir, escribir.
¿Por qué escribir?
No se sabe muy bien por qué se escribe, o quien lo sabe no grita lo suficiente. Sábato y Vargas Llosa han escrito acerca de las motivaciones del escritor: sus duendes y fantasmas; el tema inevitable, que escoge al autor, y no a la inversa; la profunda rebeldía del escritor, que a través de las ficciones pretende llenar el abismo entre los deseos y la vida real...
Escribimos para expresarnos. Pero no escribimos exactamente para decir lo que pensamos, sino más bien, como sostiene Víctor Moreno, para saber lo que pensamos. Pensar y escribir resultan actos de la misma naturaleza. Se alimentan, se interrogan. Dialogan. Cambiemos, entonces, la pregunta. Más bien lo que quiero decir (o lo que pretendía decir al comenzar a escribir este artículo) no es por qué escribir, sino para quién escribir.
¿Qué haces escribiendo sin lectores, chico? Sólo para uno mismo, ¿es posible mantenerse en la escritura? No lo sé muy bien, lo dudo mucho. La escritura sin lectores corre el peligro de retorcerse, sarmentosa, sobre sí misma. Quién sabe si de ese palo seco brotará la viña. Valga la metáfora... Quién sabe si poco a poco habrá lectores, algún lector. ¿Lo mismo para el amor? ¿Tiene sentido amar sin ser amado? ¿Pensar en quien hace ya mucho tiempo que dejó de pensar en ti? Hace poco le decía a una amiga que me enamoraba todos los días, lo cual es como decir que no estás enamorado de nadie. Pero para mí, sin esa luz, esa proclama diaria, sin ese detonante, la vida tiene poco sentido. Y cuando el sentido de la vida comienza a vacilar, ¿qué hacer? Nadar o correr, en mi caso. Es decir, salir por piernas. ¿Huir? Y escribir, escribir.
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