miércoles, 11 de noviembre de 2009

IMBECILIDAD - Una teoría sobre el origen del clown


Pep nos cuenta una teoría acerca del origen del payaso. Antiguamente, se tardaban varios días en montar un chapitó y todas las demás instalaciones de un circo. Por allí andaban unos tipos, unos mirones, los más tontos del lugar. Esos cretinos apenas sabían hacer nada. Estaban allí. Sin más. Miraban cómo trabajaban los del circo. Tal vez, podrían echar una mano y, sin demasiado esfuerzo, sentirse algo útiles...
En los antiguos circos, los caballos eran muy importantes. Pero después de las actuaciones, la pista quedaba hecha un asco. Entonces, al propietario del circo se le ocurrió contratar a alguno de aquellos imbéciles, de aquellos merodeadores que apenas sabían hacer nada. Les dio un cubo y una pala y les envió a recoger la mierda de los caballos. Entraban en la pista, torpes, y delante de la gente se chocaban unos con otros, se empujaban, se resbalaban, se marchaban con la pala al hombro y el cubo, siempre mirando con una mueca bobalicona al público que había comenzado a reírse de ellos. Se reía a carcajada limpia, mucho más que con el resto de números, porque quizás pensaba que aquellos personajes eran una pieza más del espectáculo. Aquello funcionaba. La gente se reía. No había que pensárselo mucho. El circo se fijó en ellos, valoró su éxito y les contrató. Después, otros interpretaron el papel de aquellos primeros imbéciles y el número se sofisticó mucho, pero ése pudo ser el inicio del clown moderno. Al menos, una de sus fuentes.
Las fotos de la serie Imbecilidad son de la fotógrafa mejicana Adriana Martínez, y las puedes ver en http://picasaweb.google.com/weritaranger

martes, 19 de mayo de 2009

LA TENTACIÓN DEL PUNTO Y FINAL

Más de un día me ha tentado acabar contigo, bitácora. Por lo que sé, tienes dos lectoras, dos mujeres que viven en ciudades distintas de la mía, y ninguna de ellas escribe nada. Lo cual agradezco. La lectura, digo. Pero precisamente por ello, surge la tentación de la autocensura, o que alguien piense que escribo con cierta intención, o que yo mismo piense al escribir en esas dos personas. Eso, en cuanto al alma que dejo a trocitos, porque de Campbell o de Bauman o de Tomeo, ni papa. Yo, al contrario que todos los líquidos que pululan por el planeta, creo en los finales y en las despedidas. Es decir, creo que es bueno despedirse, o por lo menos dar los intermitentes. Los intermitentes los damos cuatro, porque no es suficientemente líquido ni despegado ni posmoderno dar el intermitente. Es antiguo. Y para mí, que soy un antiguo, el que no da el intermitente es un hijo de la gran puta, diría, si no fuera por el profundo y romántico y masculino respeto que les tengo a las putas. Por eso, y por otras cosas, y porque las palabras no son mágicas, contrariamente a lo que ilusamente pensamos algunos de los que escribimos, ha llegado la hora de darte un respiro, bitácora, de dejarte a la deriva, o en cualquier isla de ésas tan literarias y tan soñadas. Islas en el vacío, llenas del aire del deseo y de los sueños, islas tal vez repletas de rincones y de guaridas.
Despidámonos con una canción que me viene al pelo y hasta la vista:
http://www.youtube.com/watch?v=qFg9OVEGUIg

sábado, 16 de mayo de 2009

LOS POETAS ESCRIBEN CANCIONES

¿Cuántas veces nos emocionamos escuchando una canción?

¿Y cuántas leyendo un poema?

¿Dónde están, entonces, los poetas? ¿Son esos tipos ególatras que escriben frasecitas que no entiende ni su padre, o los que escriben canciones, letras y acordes, con la pretensión, no de "hacer poesía", sino simplemente de componer una canción?

Esos poetas pedantes dirán que necesitamos estar preparados, cultivarnos, un entrenamiento, para entenderles. Es cierto. Es la misma pedantería insufrible de quien esculpe un morrillo y necesita de una larga explicación para que el público lo entienda. Arte conceptual, dicen. Pero las grandes obras, plásticas o literarias, no necesitan de largas explicaciones. Nos gusta Velázquez en sus Meninas, y luego ya podemos estudiar la composición, la atmósfera o lo que queramos. Gustará al que no está preparado y al erudito. Igual con el Quijote, y eso que Cervantes, al parecer, de la obra que estaba más orgulloso era del Persiles. Pero el Quijote se leía, en sus tiempos y ahora. Que los eruditos le saquen el jugo. Perfecto. ¿Escribe el poeta, esculpe y pinta el artista para el erudito, o para cualquiera? Con el truco de que hay que entender y prepararse, intentan que los demás pasemos por ignorantes. No dicen «esto me gusta o no me gusta por esto o por lo otro», sino «esto es bueno, esto es sublime, es genial, es...» o cualquier otra vacía hipérbole. Porque, si a nosotros no nos gusta, es que no estamos preparados, es que no hemos adquirido el lenguaje o no entendemos su propuesta o no sabemos descifrar sus códigos o cualquier otra vaciedad para hacernos quedar como ignorantes. Entiendo que a veces pueda ser así, que los gustos de las generaciones venideras no serán necesariamente los nuestros, pero desde luego no siempre, ni mucho menos tanto como se dice del arte contemporáneo.
Mis poetas de ahora están en Nena Daconte.

Conduzco, me alejo del mar, llevo en el maletero el peluche y el vestidito, la novela y las camisetas, el chocolate y la mermelada de arándanos, rojos y azules...

«Vivo queriéndolo todo y no tengo nada.
Tengo las horas contadas contigo
y no te lo he dicho.
Vine buscando mi suerte a este lugar.
Por eso, ahora no tengo adónde ir
(...) paparapara paparatirapapara...»

martes, 12 de mayo de 2009

LAS PALABRAS Y LOS ACORDES

Las cervezas y los pinchos morunos con Gabriela. Salir un lunes. Un lunes para salvar la semana. Un lunes para escuchar los cantos de los pájaros por La Candamia y Los Pinos, y el aguacero y los cielos cárdenos. Escribir, como llorar, temblando en el viento. Qué poesía hay en las canciones de Nena Daconte, en sus retales de carnaval, sus aleph, sus golondrinas y Sin ti:

«Seguirá pasando la luna por tu ventana. Seguirán pasando las cosas sin ti. Ya no pasarán las que hacen tanto daño. Y verás desde tu escaparate lo que fue de mí.»

El tiempo. Los gurús hacen apología del presente. Los mercaderes, más bien. No es el presente místico del que hablan, sino el presente de la publicidad. ¿No es el tiempo intemporal? Y siento que para casi todos los demás el pasado es una estación vacía de la que apenas se acuerdan, en la que no reparan, que no está viva y con gente y tráfico de miradas, sino inexistente, porque ese falso presente impone su ley suprema: nada fuera de su imperio. Ah, si el aire de esta noche ha sido fragante (aun en este norte el aire de primavera huele a frescor), estas noches siempre son fragantes. Eternamente. Perviven fuera o dentro o más allá o más acá de los relojes y la memoria. Los buenos escritores lo saben, y juegan a dioses humanos no burlando el tiempo, sino jugando con él, como el niño rehace castillos en la arena de la playa. Una y otra vez. Sin cansancio. El mismo castillo y distintas almenas con la misma arena. ¿He dicho los buenos escritores? Y los buenos panaderos y los buenos pescadores y los buenos y las buenas cualquier cosa. Este cuarto es de paredes amarillas. Es un cuarto pequeño y también infinito, y el ordenador es pequeño y también abarca cualquier cosa, y en mi mente está ella con su bebecito, y hoy al llegar a la cervecería no sé por qué he remedado un gesto suyo, y allí me espera Gabriela, y le hablo del vestidito y del camello azul y del mar y de la fabada y de las camisetas nuevas (rosa, morado, negro, rojo). Y en la madrugada las palabras y los acordes y el canto de las cigarras.

sábado, 9 de mayo de 2009

REGALOS

Después de la crisis del lunes, he intentado comprender, dar salida, metabolizar, no sé cómo decirlo, qué lenguaje es el apropiado para mis sentimientos y emociones de esta semana. Sueño, me despierto con un pequeño sobresalto, lloro, me entristezco, imagino.
He ido a ver el mar. He dado un largo paseo por el camino que hay entre los cerros, hasta la Providencia. Y en el centro comercial de Oviedo le he comprado al bebé un vestidito con florecitas de color rosa y un camello azul que, cuando le estiras el cuello, suena una canción, y hoy lo he enviado al correo, con un trocito de mi alma dentro.

LOS PECADOS GRIEGOS DE JAVIER TOMEO


Dice Javier Tomeo que convoca a los personajes en el espacio del papel en blanco (¿o de la pantalla en blanco?), y que luego ya ellos hablan y hacen un poco lo que les parece. Javier Tomeo tose con frecuencia, mira hacia la enorme puerta corredera desde donde la gente asoma, curiosea, pasa de acá para allá; le pita el móvil y nos pregunta cómo se para eso, a los tres espectadores o contertulios de la presentación de su última novela, Pecados griegos. Exactamente, dos y el presentador. Cuando ya llegan las siete, nos firma los libros, dibujando a Fedra y a Godofredo. Por allí hay niños curioseando las ilustraciones y los libros expuestos, poque estamos en una sala de exposiciones, una especie de pasillo grande. A Tomeo le gustan los niños. Yo siempre he creído, por las entrevistas y lo poco que he hablado con él, que es un tipo de una gran sensibilidad, que contrasta con su corpachón y sus facciones de boxeador. A una niña le dice: «¿A qué peluquería vas?». Y la niña le contesta que a ninguna, que las coletas se las hace su madre. Tomeo ha venido en un Talgo, muy cómodo, dice. Cuando salimos de aquel sitio inhóspito, que a Tomeo le cuesta, porque usa bastón y tiene que subir escaleras y no hay ascensor, otra niña, ya bastante más mayor, entra en el edificio con una bandeja y lo que parece una empanada. «¿Me das?», le dice Tomeo. Y la niña grande se vuelve, sonríe y se va, como yo, después de darle la mano al escritor.
(Fotografía de Javier Tomeo de Alberto Estévez, agencia EFE)

martes, 14 de abril de 2009

YURI GAGARIN, UN MES DE ABRIL


GAGARIN

-Claudio Baglioni-

Un abril que se incendió
al cielo me llevó.
Gagarin, hijo de la Humanidad.
Y la tierra quedó atrás,
pequeña cual jamás.
Yo la miré, no me lo perdonó.
Y el espacio se rasgó.
Estrellas hallé,
luciérnagas de Dios.
Con mi rostro en el cristal
yo acaso soñé.
Y todavía yo vuelo.
Yo dejé la casa mía,
el vodka y el rosal
y el lago que bañó al muchacho Yuri.
Con la mano yo alejaba
falsía, vulgaridad,
calumnia, guerra, máscara antigás.
Como un águila me alcé
y sobre el Polo yo
me uní a la eternidad.
Mas la sombra me robó
y solo quedé.
Y todavía yo vuelo.
Y todavía yo vuelo,vuelo,vuelo.
En lo infinito yo vuelo.
Bajo un timbre negro ya
yo mi sonrisa abrí
y mi sonrisa se me marcharía.
Yo, vestido de robot,el primero volé.
Y todavía yo vuelo
Y todavía yo vuelo,vuelo,vuelo...
En lo infinito yo vuelo.

Quell'aprile si incendiò
al cielo mi donai
Gagarin figlio dell'umanità
e la terra restò giù
più piccola che ma
io la guardai, non me lo perdonò
e l'azzurro si squarciò
le stelle trovai lentiggini di Dio
col mio viso sull'oblò
io forse sognai
e ancora adesso io volo
e lasciavo casa mia
la vodka ed i lillà
e il lago che bagnò il bambino Yuri
con il piede lo scansai
bugie volgarità
calunnie guerre maschere antigas
come un falco mi innalzai
e sul Polo Nord sposai l'eternità
anche l'ombra mi rubò
0 e solo restai
e ancora adesso io volo
e ancora adesso io volo
volo
volo
nell'infinito io volo
sotto un timbro nero ormai
io vi sorrido ma il mio sorriso se n'è andato via
io vestito da robot
per primo volai
e ancora adesso io volo
e ancora adesso io volo
volo
volo
e ancora adesso io
e ancora adesso io volo
volo
volo
nell'infinito io volo

martes, 7 de abril de 2009

¿POR QUÉ PESAN LAS AUSENCIAS?

¿Por qué pesan más las ausencias, las no felicitaciones, los olvidos? Tal vez porque son más, son más numerosos los olvidos. Me han hablado de poses, a mí me hablan de poses, y del excesivo peso del pasado. Y yo hablo del cansancio, del hastío, de la náusea de los conflictos estúpidos, de todas esas microbatallas cotidianas de desgaste contra toda esa morralla de cobardes gilipollas, de cretinos con los que uno se ve obligado a ¿convivir? Una mierda de convivencia. ¿Quién puede extrañarse de que en ocasiones aflore la ira? Pon bajo presión a un hombre, un día, otro día, y luego no te quejes del zarpazo. Pienso ahora, por ejemplo, en Luis Leante retirando por las bravas una de las cámaras de seguridad que al parecer su directora del Instituto utilizaba para acosarle. Ah, el acoso femenino (no exclusivo de las mujeres, por supuesto; femenino no como el producto de las mujeres, sino como lo nocturno, lo traicionero, el disimulo...), la sutil e implacable y soterrada violencia femenina, que lleva camino de triunfar en esta sociedad de la apariencia, que ha convertido la violencia directa en violencia subterránea . Vuelvo al cumpleaños. Aún me duelen las ausencias, no vale de nada negarlo; algunas, sorprendentes, claro, porque duelen las ausencias inesperadas: ni una llamada, ni un mensaje, ni un sms. Y, entonces, surge un sueño: escapar, olvidar los nombres, las caras, olvidar los afectos y las ilusiones. Olvidarse de uno mismo y renacer en otro lugar donde a uno le dejen en paz, donde basten una o dos personas, donde abandonar el runrrún, el ruido de fondo que transporta estupideces sin cuento. Vaciarse. Sentir. Vivir. Aun con los años a cuestas sigo creyendo que eso puede ser posible en compañía, y que la soledad no es eterna. Aunque haya días que cueste tanto y tanto y tanto.

domingo, 5 de abril de 2009

EVERYTHING'S ALRIGHT - TODO ESTARÁ EN PAZ


Sleep and I shall soothe you, calm you, and anoint you.
Myrrh for your hot forehead, oh.
Then you'll feel
Everything's alright, yes, everything's fine.
And it's cool, and the ointment's sweet
For the fire in your head and feet.
Close your eyes, close your eyes
And relax, think of nothing tonight.

Velaré tu sueño,
calmaré tu fiebre,
con ungüento te ungiré.
Verás que nada va a pasar, todo estará en paz.
Porque el nardo apagará tu sed
y el perfume aliviará tus pies.
Duerme bien, duerme bien,
con el sueño podrás olvidar.
De Jesus Christ Superstar - Andrew Lloyd Weber, con libreto de Tim Rice. Versión española de Jaime Azpilicueta e Ignacio Artime.

jueves, 26 de marzo de 2009

LAS DOCE Y MEDIA

Las doce y media. Las gotas para los oídos y la pomada para epitelizar el cristalino del ojo derecho. Las caminatas diarias, de aquí para allá, siempre a carreras, maltratando mis pies doloridos. La novela de Luis Leante en la mano, de vuelta para comer, a las cinco menos veinte, que vaya horas, y de camino y justo detrás de la chica que acaba de abrir la librería, pedir y, sin pensármelo dos veces, llevarme el libro de Carl Theodor Dreyer sobre Jesús de Nazaret, el guión nunca rodado por el danés. Las deliciosas fresas y trocitos de piña al comienzo de las comidas. La siesta. El remordimiento por no haberme levantado a tiempo para ir a ver Breve Encuentro, la que dicen obra maestra británica de David Lean, pero es que ya estoy cansado de ir corriendo y apurado a todos los sitios. Como ayer, que me salté la siesta y encontré tiempo, antes de ver La hija de Ryan, para visitar a ese viejito que ayer caminaba por el pasillo del hospital. Ese viejito paseando a buen paso apoyado en su cacha. Su voz firme y bien timbrada, sus ojillos adánicos y risueños que tanto me recuerdan a los de mi abuela, porque es su hermano, mi tío abuelo Eutiquio que me cuenta que estuvo en Cabárceno, (porque yo creo que Eutiquio siente fascinación por los bichos y le gustan los documentales de bichos, como a mi abuela), el parque cántabro donde les grabaron un vídeo que luego rebobinaban en el autocar, y todos se reían. Mi tío abuelo que a sus 89 tacos está lúcido y tiene la curiosidad de escuchar la radio y leer todos los días el periódico. Mi tío abuelo que cultiva un huerto feraz, un huerto de hortalizas y frutales a orillas del Órbigo, que siempre cuidó con primor y perseverancia, donde hay un pequeño chamizo lleno a rebosar de todo tipo de objetos y herramientas con los que inventar, componer, y reparar cualquier cosa útil. Mi tío abuelo que hoy, nada más llegar su hijo al hospital, le ha dicho que ayer estuvo aquí Jose a verme, y eso me emociona tanto. Eso le emociona tanto a este tipo al que hoy Juanjo, el del bar Puerto Banús, ha invitado al tercer blanco y ha puesto un par de tapas pantagruélicas, y con quien se ha reído, nos hemos reído de la caligrafía apenas legible de un inspector en un papel. Y a esta hora, ya las doce y cuarenta y cuatro, sonando Ay, amor, de Revólver, que vienes tal como te vas, es decir, sin despedirse, es decir, sin avisar, entonces este tipo que al volver por las calles oscuras y vacías se fija en todos los coches aparcados, porque lleva ya casi un año pidiendo presupuestos, comparando marcas, precios y modelos, calculando préstamos, sin decidirse a jubilar su 205 de casi 19 años; este tipo que bambolea su bolsa del supermercado con el lavavajillas, los palitos de pan integral, los yogures de vainilla y los bizcochos italianos de chocolate y vainilla, este tipo no ignora que no todo está perdido si hay viejitos con la cara iluminada que agradecen una visita, y corteses camareros que, mientras ojeamos en la barra los periódicos, nos invitan a vino y tapas, y a intervalos ponen la radio a ver qué tal va la Cultu en el derbi provincial.