domingo, 21 de septiembre de 2008

MERENDERO PADILLA

Hay bullicio en una de las alamedas de Lorca. Los buñuelos de bacalao son lo más típico, me informa Feliciano, que luego se me acerca para preguntarme qué tal me va, para contarme anécdotas, regalarme un llavero, un mechero, unas postales y un calendario, decirme que las morcillas se las sirve el mismo carnicero desde hace decenios, y que llegó a preparar pavo confitado, pero que lo tuvo que dejar porque le daba mucho trabajo.
El Merendero Padilla es limpio, barato, popular, y lo atiende una bulliciosa y eficiente cohorte de cocineros y camareros que te sirven en un pispás. No me importa que se me enfríen las viandas, ni siquiera que me pingue el pantalón con el contundente alioli con el que untan las patatas asadas, porque Feliciano me sigue contando que aquella plancha es una de las originales, y que las demás las fue comprando a medida que el negocio crecía, y cuando le observo que todo parece muy limpio, me dice orgulloso que es así porque, por ejemplo, limpian esa gran mampara de ahí un par de veces a la semana.
Esos 42 tacos del Merendero Padilla son también los míos. Abre de abril a septiembre. Los meses luminosos. Buñuelos de bacalao y mollejas, queso asado y michirones, pinchos morunos y patatas, arroz con leche y pan de Calatrava. En Lorca. Los años, los meses, la comida, el festín, el placer de comer y de vivir.

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